
La imagen de Elon Musk como visionario tecnológico parece estar atravesando su momento más oscuro. En medio de una oleada de protestas globales, las ventas tanto de Tesla como de Starlink están cayendo en picada, generando alarma en los círculos financieros y entre los inversores. ¿Está comenzando el declive del imperio Musk?
Un coloso con pies de barro
Durante años, Tesla fue sinónimo de innovación. Sus vehículos eléctricos transformaron la industria automotriz, y su valor en bolsa se disparó hasta convertir a Elon en el hombre más rico del mundo. Sin embargo, el panorama ha cambiado drásticamente en los últimos meses.

Las ventas de Tesla han caído más del 18% en el primer trimestre del año, según los últimos informes financieros. En mercados clave como China y Alemania, las entregas de vehículos eléctricos se han desplomado debido a la creciente competencia, el agotamiento del incentivo fiscal y una percepción negativa del propio Musk.
“Los consumidores están votando con sus carteras”, declaró Karen Meyers, analista de consumo de GlobalAuto. “La asociación de la marca con Elon Musk está empezando a ser un problema más que un activo”.
Starlink pierde brillo
Pero Tesla no es el único frente donde el imperio de Musk muestra grietas. Starlink, el ambicioso proyecto de internet satelital de SpaceX, también enfrenta serios desafíos. Miles de suscriptores han cancelado sus planes en las últimas semanas, citando interrupciones en el servicio, aumentos de precios y decepción general con la cobertura prometida.

En zonas rurales de Estados Unidos y América Latina, donde Starlink prometía una revolución en conectividad, los usuarios denuncian que la experiencia no cumple las expectativas. En redes sociales, el hashtag #StarlinkFail se ha vuelto tendencia, con miles de quejas diarias.
“Es un servicio costoso que no ofrece estabilidad. Me siento estafado”, escribió un usuario en Twitter.
Elon en el ojo del huracán
A este colapso comercial se suma una creciente ola de protestas contra Elon Musk. Organizaciones ambientales, colectivos laborales y usuarios de redes sociales han intensificado sus críticas hacia el empresario por sus políticas internas, su postura frente a la inteligencia artificial, y su comportamiento errático en plataformas como X (anteriormente Twitter).
